En 1910 don Porfirio Díaz celebraba ostentosamente el centenario de la Independencia de México, en tanto, entre el pueblo, se gestaba el movimiento que finalmente lo movería del poder, iniciándose una de las revoluciones sociales con más impacto en el siglo veinte.
Aun cuando ambos movimientos parecen tener raíces distintas, en realidad los orígenes son los mismos: Descontento, corrupción, explotación, engaño, injusticia y consecuentemente mentira.
Desafortunadamente el pueblo mexicano siempre ha fincado su historia en mentiras. Los Aztecas cuando se establecieron en el Valle de México, venían como humildes chichimecas, los pueblos que ya estaban establecidos a la orilla del lago les recibieron casi como esclavos, como parias; al paso del tiempo, cuando se encumbraron, ellos mismos crearon su propia historia la cual había sido debidamente maquillada y adecuada para que apareciera un antecedente lleno de gloria, creada para opacar un pasado de miseria.
A la llegada de los españoles, la corrupción es endémica, todos los puestos están tazados, todos tienen precio, y además primero están los amigos y los recomendados, pero en todo esto hay un “pero”, los puestos políticos y religiosos de importancia solo pueden ser para los españoles de nacimiento, así que uno de los pretextos para iniciar el movimiento independentista es el descontento que se da entre los criollos –los nacidos en México de sangre española-, ellos también quieren llegar al poder.
Ya en el México independiente aparecen los políticos autoctonos, una nueva raza de seres que se manejan principalmente por el interés y la ambición totalmente personal de la cual el mejor ejemplo es Antonio López de Santana (¡Tenía que ser López!!), quien incluso vende una partecilla del país para obtener dinero.
Durante la Revolución de 1910 nacen algunos grandes idealistas, pero estos son opacados nuevamente por la ambición de los políticos, estos son finalmente controlados, que no apagados, por Plutarco Elías Calles, quien crea el partido oficial con el único fin de mantenerlos dentro del redil. En esa época se crea una frase que refleja totalmente el sentir de muchos: “No hay quien aguante un cañonazo de cincuenta mil pesos”. O sea que la corrupción continúa.
La historia de México ha seguido, y cuando llegaba la oposición al poder al principio del nuevo milenio, se esperaba un cambio, pero la situación ha empeorado y la esperanza ha muerto. Los últimos análisis hechos a nivel internacional muestran un país lleno de carencias que ocupa uno de los peores lugares en cuanto a corrupción, económicamente se le considera entre los principales productores de pobres, la apatía se adueña de la población, la riqueza se concentra en unas pocas gentes, la inseguridad es parte activa en la vida de los habitantes; todo es un cúmulo de puntos negros que ensombrecen el panorama con el cual se inician las fiestas del Bicentenario y el Centenario, por cierto que un centenario que trata de ser opacado por las esferas oficiales, el pecado más grande es precisamente ser Revolución, esta palabra en estos tiempos tiene dos connotaciones: primero se liga al Partidote y después a movimientos de descontento, en ambos casos es negativo.
Este es el cruel panorama que se da en un año que debía ser para celebrar logros ¿Continuaremos así los mexicanos?
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3 comments:
Los festejos, el jolgorio, todo lo que se tirará por la ventana para celebrar el bicentenario de la Independencia (??!!) servirá para opacar el nacimiento de la corrupción en todos los niveles...
Llámame aguafiestas, pero no me late mucho celebrar algo que aun no hemos logrado. Aun cargamos con las cadenas mentales de un pueblo mediocre y corrupto.
Besos!
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